Tierra de piratas y corsarios...

El archipiélago de Juan Fernández ha estado siempre rodeado de muchísima historia. Fue descubierto un 22 de noviembre de 1574 por el piloto portugués Joao Fernández, quien buscaba una ruta mas corta entre los puertos de Callao, Perú y Valparaíso, Chile. El marino cambia su derrotero y accidentalmente avista las islas por vez primera, nombrándolas islas de Santa Cecilia y Santa Clara.

Entre los siglos XVI y XVIII las islas fueron bastante visitadas por diferentes exploradores, piratas y corsarios. Estos navegantes llegaban a Robinson Crusoe a reabastecerse de víveres frescos, agua pura y recuperarse del escorbuto y la que sufría su tripulación luego de la difícil tarea de cruzar un océano a otro. Marinos importantes que recalaron en Juan Fernández fueron: los holandeses Le Maire, Schouten y Roggeveen, los ingleses Bartolomeo Sharp, William Dampier, Cook, Edward Davis, Woodes Rogers , Shelvocke, Clipperton, y Lord George Anson, Almirante de la Real Marina Británica. Entre ellos destaca el más famoso de todos; el escocés Alexander Selkirk quien es abandonado en completa soledad en Robinson Crusoe en el año 1704 y más tarde rescatado en 1709. Su increíble historia inspiró al cronista inglés Daniel Defoe a escribir su famosa novela "Robinson Crusoe" en 1719.
Las islas se convierten en el perfecto refugio para estos marinos que luego zarpaban hacia las costas de Chile en busca de riquezas para sus coronas.


Recién en el 1750 el gobierno español decide colonizarlas. Llegan 171 colonos. Comienza la construcción del fuerte Santa Bárbara. Su primer gobernador Juan Navarro Santaella bautiza el poblado como "San Juan Bautista". En el 1779 la isla contaba con 40 casas.
En aquel tiempo, las costas del archipiélago se encontraban atestadas de grandes colonias del único mamífero marino de las islas; el lobo fino de dos pelos (Arctocephalus philippii). Desde que se supo la existencia de estas islas, los navegantes dieron comienzo a la explotación para comercializar sus pieles, grasas y aceites. Entre los años 1788 y 1809 se inicia la caza industrial del lobo fino. Alrededor de 74 buques loberos norteamericanos se llevaron un número de 2.741.600 pieles. Se calcula que más de 5 millones de lobos fueron exterminados en ese lapso de tiempo.
El 2 de Octubre de 1814, ocurre el desastre de Rancagua. Los patriotas chilenos son derrotados y el poder pasa nuevamente a los realistas españoles. Un grupo de nobles patriotas son desterrados a la isla de "Másatierra" (Robinson Crusoe) y son obligados a vivir en cuevas volcánicas. Chile declara su independencia el 12 de febrero de 1818 y los desterrados patriotas regresan al continente. En 1822 la isla queda completamente solitaria al ser abandonada por su población. Años más tarde las islas serán reabiertas como recinto penal.
En 1877 se designa como subdelegado al suizo Alfredo de Rodt, quien coloniza la isla con 37 pobladores del sur de Chile, incluyendo 7 mujeres y 10 niños.
Durante el año 1893 y a cargo de Carlos Fonck y cía. Comienza la explotación industrial de la langosta de Juan Fernández.



1915. Primera Guerra Mundial; combate naval en plena Bahía Cumberland. El acorazado alemán Dresden es perseguido por los buques Kent, Glasgow y Orama de la Real Marina Inglesa. El Dresden es hundido por el propio comandante Ludecke.
El navío de 115 m de eslora yace hoy en día a 65 m de profundidad.





Por Decreto Supremo en el año 1935; el Archipiélago de Juan Fernández, con sus 9.290 hectáreas es declarado Parque Nacional. El año 1972 llega CONAF a la isla (Corporación Nacional Forestal), 5 años después, en 1977 el archipiélago es declarado por la UNESCO Reserva Mundial de la Biosfera (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization).



Foto: Gabriel Pérez

En 1998. Bernard Keiser, historiador norteamericano, comienza a realizar excavaciones arqueológicas en Puerto Inglés con el objetivo de descubrir un tesoro enterrado alrededor de 1715 por el navegante y noble español perteneciente a la orden de Santiago, Juan Esteban Ubilla y Echeverría.

Bernard Keiser no desiste; la búsqueda aún continúa.